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miércoles, 31 de julio de 2013

Maratón Lectora (II)

Pues bien, según las reglas yunrecordatoriodechels  ahora toca redactar mis experiencias en plan "qué hemos aprendido con esto" (?)

Pues bueno, comencemos con que yo soy tan guay que vivo antes que todos los demás, y como tal empecé con La Isla Misteriosa (Julio Verne) un día antes. A pesar de eso no leí un rato del viernes para compensar (??) y lo acabé ese día o más bien en la madrugada del sábado.

Sobre el libro: Tiene unas 190 páginas (192 para ser exactos) y trata sobre una serie de fugitivos de la guerra civil de Estados Unidos (la de Secesión) en la década de 1860, que se fugan en globo aprovechando una tormenta, la cual va a dejarles en una isla perdida en la inmensidad del Pacífico situada tropecientas millas más al sur. Allí, los fugitivos, con el ingeniero Ciro Smith a la cabeza, tienen que aprender a sobrevivir y, más allá, lograr hacer un lugar adecuado para vivir, aprovechándose de los recursos de la isla, además de desentrañar el extraño misterio que parece rodear a la isla.

Para decir algo más del argumento tendría que soltar Spoilers, y eso no está bien aunque se haya escrito hace la tira.
Creo que, al margen de los errores/huecos argumentales que tiene, no es un mal libro, ahonda en las tareas que tienen que hacer los colonos y cómo se las ingenian para conseguir sus comodidades más allá de su supervivencia, aunque también es cierto que muchas veces presta más atención a procesos menos complicados mientras que otros (la obtención del explosivo) lo narra como si fuera lo más fácil del mundo.
También me gusta porque se mencionan otros libros del autor, dándoles continuidad e identificándose con el resto de su obra, aunque como ya he dicho tiene unos cuantos errores, esta vez en lo referente a la cronología y en los años en que se sitúa la acción

El otro libro que he leído es El Fantasma de la Ópera, de Gaston Leroux.
Es mi libro favorito y como tal me lo he leído varias veces, y su trama comienza con una joven cantante de ópera en París, Christine Daaé, que súbitamente tiene una escalada de talento, gracias, aparentemente, a las clases de un ser invisible de existencia paralela a la leyenda intrínseca de la ópera en la que todo el mundo parece conocer al Fantasma, que se pasea a sus anchas por la ópera haciendo de ella su imperio. La historia toma la mayor parte del tiempo el punto de vista del vizconde de Chagny, un amigo de la infancia de Christine y sus intentos (no siempre exitosos) de ahondar en el misterio.

Si es mi libro favorito, desde luego no es por los buenos, lógicamente, ya que al igual que otras novelas de terror/góticas y de romance (como Drácula que me lo había terminado justo antes) todos los buenos son virtuosísimos y de unos sentimientos muy puros, y sobre esa base angelical se asientan los demás rasgos de su personalidad, siempre manteniendo el mismo tono que te hace preguntarte si no estás leyendo un romance (aunque El Fantasma... tenga su parte de romance). No, si es mi novela favorita es por el malo, bastante más profundo y atormentado que los buenos. Arquitecto, ilusionista, músico, asesino... Unas características que habrían hecho del Fantasma alguien realmente importante si no hubiera ido acompañado de un aspecto como el que se nos muestra, lo que le condiciona toda su vida.

Y hasta aquí mi opinión de los dos libros que me he leído en La Maratón Lectora II, en la que he aprovechado para tener una excusa para coger un ligro en cualquier momento y enfrascarme en su lectura.

Nos vemos!

miércoles, 21 de marzo de 2012

Das Ende


- Entonces...- se sentó junto a él, en el suelo, rodeando sus rodillas con las manos.- ¿Es esto el final?
-Sep.- Dijo él, mirando la lata que había en su mano y echándole un trago. ¿Todo había acabado? ¿Ya? No quería pensar en ello... Pensar que todos los milenios de evolución del mundo, de la vida, del ser humano... acabarían en eso... Era algo desolador. Pero el comentario de él la sacó de sus pensamientos.- ¿No te parece que es una escena increíble?- Ella lo miró, extrañada. Sus pensamientos, su mirada triste... miraba a la nada, advirtió cuando siguió su mirada. Al horizonte. Y sonreía.- Nunca se había sentido otra paz como esta, verdad? Al menos, yo creo que no podría vivir en otro momento.- Ella seguía extrañada por sus palabras. El fin llegaría de un momento a otro, sin embargo, allí estaban, en esa nave, disfrutando del día.
- A decir verdad, el final sólo puede ser un suspiro, ¿verdad?- Dijo él.- Cuando todo empezó, la gente entró en pánico. Era de esperar. Los más estúpidos, sin saber otra manera de demostrar que la vida estaba en sus manos que quitándosela... Sin embargo, después, creo que lo comprendieron. Entonces, ocurrió el milagro.- Ella sabía de qué milagro hablaba. Ya no importaba nada. Todos iban a morir. Una vez asumido eso, sólo quedaba disfrutar del final. Era algo que él había entendido antes que nadie. La gente se había reunido con sus seres queridos, y, cogiéndolos por los hombros, habían salido a las terrazas, a los balcones, a la calle... y simplemente, habían disfrutado del final. De la calma después de la tormenta. -¿Te has despedido de todos, ya?- Dijo él, con una sonrisa tranquila.- ¿Qué crees que pasará... después? ¿Acaso crees que todo se acabará y volverá a empezar exactamente igual? ¿Que viviremos en otro mundo? ¿Que intercambiaremos los papeles?
- ¿Qué crees tú?
- Yo creo... que se acabará todo. Sin más. ¿No te parece hermoso? El final. Los créditos. Ya nada importa. Ni el petróleo. Ni el dinero. Ni nada.- Se recostó contra la pared de cemento. Las nube, en el firmamento, seguía girando sobre sí misma, dorada y con un aspecto tranquilo aunque amenazador. El final.
Histeria. Miedo. Incertidumbre. Pero no aquello. Ningún sociólogo había previsto que, después del horror, llegara la paz. Todos lo habían entendido. No había razones para enfadarse. Sólo para disfrutar de los créditos y del aplauso del público.
- Bueno... Ya que no nos veremos... me alegro de haberte conocido, al final.
- Y yo.
Sonrió.
Ella sonrió también.

jueves, 2 de junio de 2011

Los actores sonríen.

La obra por fin se acabó. El acto final fue un éxito. Hubo estrés, suspense, tensión... pero todo acabó con un final feliz. Esta obra cuyo improvisado guión se prolongó por más de quince años, por fin ha acabado en un grito de triunfo. Los buenos ganan, llegan al final de la aventura, y, todos juntos, superan sus diferencias de última hora para lograr un esfuerzo final. Y ahí están, en los créditos, todos los actores que, en ésta obra han tomado parte, ya sea como uno de los sesenta protagonistas o como cualquiera de los personajes secundarios que, aunque poco, también han intervenido en la evolución de los personajes principales. Los héroes convencionales y los antihéroes. Los personajes más interventores y los que quedan relegados al fondo del escenario. Los actores buenos y los que no dan para tanto, los personajes profundos y los que están menos trabajados. Todos, por última vez, Se suben al escenario para culminar, tras quince años, la obra más grandiosa que la humanidad, en su éxtasis, haya podido componer. Una obra cuyo complejo desarrollo ha dado lugar a una continuidad de más de quince años, manejando cual marionetas a los sesenta protagonistas que se mueven en el escenario al compás.
Miento; No como marionetas. Los actores, que conocen a la perfección los entresijos de su personaje, son capaces de interpretarlo con tal maestría que, aún cuando les quitan el papel de delante y les hacen improvisar la obra de la nada, son capaces de seguir haciéndolo como si fuera ese el camino marcado por el autor. Unos personajes que, entre sus idas y venidas, han amado, han odiado, han disfrutado, han sufrido... Unos personajes que, en esta tragicomedia, no tienen más remedio que acabar riendo a pesar de lo que los espectadores puedan pensar del argumento. Porque, sí, ha habido tragedias. Ha habido protagonistas, que, a pesar del guión marcado, han sucumbido ante los villanos y no han conseguido continuar en la obra. Personajes cuyos caminos se separaban para actuar en una obra de más categoría, ya que otro director les requería para su preciado argumento.

Se ha acabado, por fin, el acto final. El cenit de la obra, su desenlace previsible o imprevisible, su éxtasis... por fin ha terminado y los actores no hacen otra cosa que salir al escenario, jubilosos, y saludar, saludar y saludar otra vez. Saben que en cuanto acabe la obra no volverán a verse jamás. Cada uno irá por su lado, actuando en obras menores que compondrán su vida y que, tiempo después, recordarán como unas pequeñas secuelas de la gran obra magistral que les dio a conocer al gran público, que ahora aplaude rabiosamente en el patio de butacas. Es el último respiro de la obra, los actores saludan, se encienden las luces. Se oye un redoble, y se cierra el telón.

El ESPECTÁCULO ha acabado.