sábado, 8 de diciembre de 2012

Historias


La puerta, oxidada en algunas partes, se abrió con un chirrido, y una cabellera  castaña se asomó a la oscuridad de la noche.- Es muy tarde y estoy retirada. Lárguese.- Sin embargo, la otra persona, con un enorme abrigo y capucha y bufanda, embozada, no se iba a ir de allí tan fácilmente.- He recorrido demasiado mundo como para desistir ahora,- Dijo con determinación.- Rioco.- La moradora de aquel tugurio abrió los ojos del todo, sorprendida por aquél timbre que hacía tanto tiempo no oía. Los ecos de una infancia feliz resonaron en los recovecos de su mente, y abrió un poco más la puerta para dejar pasar a su visitante.- ¡Tú! ¿Qué haces aquí?- dijo sin enfado, simplemente sorprendida. Cuando la puerta se cerró con otro chirrido, la joven se quitó la bufanda y la capucha, dejando ver una melena de color rojizo, rematada por unos cuernos apenas visibles.- Las cosas están peor que nunca.- dijo, bajando sus hermosos ojos verdes.- Eso he oído.- Con unos vaqueros viejos y una camiseta sucia, Rioco retiró una masa enorme de cosas sin identificar del sofá e invitó a Kanae a sentarse mientras ella se dirigía a una especie de cocina que había en la misma habitación. Ésta negó con la cabeza.- No puedo estar mucho tiempo aquí. Ya me habrán detectado y me estarán buscando. Quería pedirte…- Vaciló unos segundos, apretando los dientes.- Necesitamos tu ayuda, Rioco.  Por favor. Revan y Charlie han desaparecido. Jaguar ha tenido que hacerse cargo de sus hijos, y ya quedamos tan pocos… Pronto ellos dominarán todo.- La morena dejó las tazas humeantes en la mesita, apagando la televisión, con aquél videojuego de la serie ninja del momento al que estaba jugando- las aventuras del silencioso Magakaru!-  y puso los brazos en jarras.- ¿Cómo me has encontrado? ¿Ha sido esa vieja, verdad? Kula… Me da igual. No pienso hacer nada. Me gusta cómo está Tokio.- Dijo con firmeza, aunque las dos sabían que no era verdad. Antes de llegar allí, Kanae había tenido que vérselas con un Carroñero, un mutante antropófago de los que empezaban a proliferar en las grandes ciudades. De color oscuro y mente más oscura todavía, hacían un buen servicio a los verdugos que intentaban acabar con su raza. Unos traidores. Ese se había llevado su merecido. Su máscara ahora yacía rota en alguna callejuela de la ciudad japonesa.
Por su parte, Rioco sabía que no podía durar para siempre en aquél viejo piso de la zona antigua. Pronto, los Centinelas decidirían que también era una amenaza y querrían deshacerse de ella. Pero no era todo tan fácil. Ambas recordaban las discusiones como si fuera ayer, aunque hubieran pasado años.
“¡Pero no entiendo por qué no quieres venir!” Gritaba Kanae. Rioco, encarada a ella, estaba más serena, al menos en apariencia. Una fría cólera se extendía por sus miembros. “Este mundo está podrido, Kanae. Humanos… mutantes… qué más da. Todos son igual. No pienso ayudar a los que lo único que quieren es ganar por la fuerza. Tú lo sabes mejor que nadie” Sin embargo, Kanae respondió. “¡No queremos imponernos por la fuerza! Solo nos estamos defendiendo. Sólo queremos recuperar… Lo que es nuestro” “Mírate” le espetó Rioco. “Esas ideas son las que están mal! Esas ideas que ha metido ese monstruo de Tribulation. Y pensar que ahora lo defendéis cuando hace unos años era la principal amenaza sobre la tierra… Mientras esa sea vuestra postura, señorita Godall, nunca estaré en vuestro bando!”

...En vuestro bando”- Repetía Rioco a media voz. – Los hombres mandaban en el mundo, y, sí, se les fue la mano. Pero vosotros les escupisteis en la cara y esperasteis quedar impunes. Le tirasteis una piedra al lobo y queríais que no os mordiese… Y os ha mordido hasta el hueso. No voy a ayudaros, Kanae. Es mi última palabra. Puedes decírselo a Kula y a todos.- Kanae notó como un peso adicional se venía sobre sus hombros. Pero sabía que una decisión así no podía revocarla, no tal y como estaban las cosas. Las ideas de Rex eran más radicales que nunca, como radical era el enemigo al que se enfrentaban.-… Me alegro de que estés bien.- Dijo Rioco sorpresivamente, mirando a otro lado. Los de las discusiones no eran los únicos recuerdos que le venían a la mente al ver a la pelirroja. Y sabía que a ella también le pasaba igual. Sintió deseos de decirle que abandonara todo aquello, que se quedara con ella, que olvidase la lucha y los dejase matarse entre ellos… pero, al igual que su amiga, sabía que aquello sería inútil. – Ya nos veremos…- Dijo Kanae con una sonrisa triste.- Gracias por el café.- Y, con un suspiro, cerró la puerta oxidada con un crujido.

La pelirroja se acercó a la casa, en Seattle. Hacía mucho que no pasaba por allí, pero todo seguía como lo recordaba. Salvo que nevaba.

Abrió la puerta de la casa, en silencio. Se oyó una voz lejana.- ¿Quién está ahí? Voy armado.- Sin embargo, Kanae no se amedrentó. Era un amigo suyo, un amigo de hacía mucho, mucho tiempo.
La silla de ruedas se detuvo en la puerta, y el hombre bajó el arma.- Eres tú.- Dijo sin ápice de una sonrisa.- Fuera de mi casa.- Ella lo miró, con tristeza. El arma seguía apuntando, aunque en su regazo.- Keith, yo…- ¿No me has oído? Eres un monstruo. Y los monstruos no pueden estar aquí.- Kanae lo miró, con tristeza.- No puedes pensar eso, Keith… no, tú no…- Sin embargo, lo pensaba. Con el ceño fruncido.- Todo lo que me ha pasado, todo esto,- le dio un golpecito con la mano a la silla.- Es cosa tuya, Godall. No puedo pretender que no me importa. Te odio. Largo de mi casa.- Los ojos de la pelirroja se anegaron en lágrimas.- Por favor, Keith… No digas eso…- Si no quieres irte, entonces quédate. Tendré que matarte. Las Patrullas me darán una buena recompensa por una rebelde.- Dijo él con voz fría, entre sus sollozos. Ella apenas lo escuchaba, se había cubierto la cara con las manos y luchaba por buscarle un sentido a todo aquello. ¿Por qué? Incluso él, que había sido su fuerza y su apoyo moral durante todo aquél tiempo, ¿Por qué tenía que…?

El sonido del disparo retumbó en el pasillo. Pero no ocurrió nada más. Ni un ahogado gemido y un cuerpo cayendo al suelo. Ni nada.

Kanae se quitó las manos de los ojos, para ver al ser que se interponía entre ella y el pistolero. Los enormes cuernos y la piel dura no dejaban lugar a dudas. ¿Un demonio? - Sabéis, puede que ella tenga algo de demonio…- dijo una voz a sus espaldas.- Pero realmente creo, que los monstruos sois vosotros!- De repente, el resonar de aquella voz, una voz conocida, le hizo volver a la realidad. La calle tokiota volvió a aparecer ante sus ojos, y una cazadora negra golpeaba al mutante traidor que había intentado reducirla para ganarse el perdón de los verdugos. Todo aquello había sido una ilusión. Rioco se volvió hacia ella, sonriente, y cuando sus ojos se encontraron, Kanae se dio cuenta de que no la había abandonado. Como cuando se conocieron, nunca la abandonaría.
-          ¿Es interesante eso que estás leyendo?- Le dijo el enmascarado. Anna cerró el libro rápidamente.- Me entretiene. Habla de gente con sentimientos. Sentimientos que nunca podremos tener.- Dejando el cómic, cuya portada estaba decorada con una X bien grande que formaba parte del título, en una mesita, Anna se levantó. Su uniforme se ajustaba perfectamente a sus formas femeninas, algo de lo que el hombre que tenía al lado y lo había diseñado era perfectamente consciente y que atraía la atención de muchos otros hombres. Mas no de él.
Zero movió el traje para acomodárselo. De color negro, sin arrugas o pliegues, era muy parecido a un traje de motorista o un traje de combate. – Pues tendrás que seguir ilustrándote luego. Ahora tenemos que salir.- La misión requeriría toda su atención, se dijo Anna. Sabía perfectamente de qué se trataba. Aquella organización… Aquella organización, el Nuevo Sindicato, que se había opuesto radicalmente a los principios de Rantei desde su primer encuentro. Exactamente igual a como ocurría en el cómic.

Y en aquella organización, compuesta por igual de contratistas, humanos y Dolls, había uno, bastante famosete, que se llamaba Bunker. Al menos, así le decían. Un hombre de piedra, capaz de destrozar puertas blindadas y abrirse paso hacia su objetivo o resistir varios megatones de potencia.
Su adversario perfecto.
No podrían hacerlo sin ella. ¿Quién sería más duro de los dos?
Rioco casi mordía el cojín, con los ojos fijos en la pantalla, mientras el pelo rubio del personaje, tan parecido al suyo, se movía por la pantalla.- Rioco, deberías dejar de ver esas cosas. Seguro que no son para gente de tu edad.- Dijo Will, mientras pasaba por allí con una escoba.- ¡Y tú deberías de hacer de ama de casa de Vany!- Le replicó ella a gritos, ya que él ya había desaparecido por la otra puerta.- Además, esta serie mola mucho. Anna es la más dura.- Inalterado, Will dejó la escoba en su sitio y volvió a aparecer con una lista con varios nombres y datos.- No estoy haciendo tareas domésticas- aunque tampoco quiero que esto acabe hecho un antro-, estoy intentando decidir qué misión podríamos coger… ¿Qué te parece esta?- Le preguntó, mostrándole una de ellas con el dedo. Algo de rescatar a un niño secuestrado por un malvado sobrenatural.- Uish, jejeje…- Dijo Rioco.- Seguro que esa a Vany le encanta.- Sí, tienes razón… Aunque no sé por qué le ponen tanta dificultad…- Will fue interrumpido, cuando la puerta de la calle se abrió con un estruendo.- Ya estoy aquí, ya elegí la misión que tomaremos. Dijo el cazador, quitándose la máscara.- Rioco, necesito que vayas al punto 5 y recojas el anticipo, no quiero que haya sorpresas como la última vez que nos anduvieron con un piromante… Al final tomé esta.- Le dijo a Will, señalando una que se encontraba bastante por encima de la anterior en nivel de dificultad, y que tenía que ver con un payaso.

El robot suspiró. ¿Cómo iba a salir entero si siempre estaban igual?
Solo en su habitación, el chico dejó de escribir, pasando a agarrar el ratón con la mano y clicando un lugar de la pantalla del pc, con lo que se abrió una ventana. A ver si ahora ya…
Pero nada. El destello naranja volvía a verse en la barra de tareas. Y él volvió a clicarle, escribiendo un par de líneas más en el Word.

La habitación no era muy grande. Si retrocedía medio metro con la silla, le daba a la cama, que obviamente no se podía mover más. Pero él no necesitaba un salón. Para alguien como él, aquello estaba perfectamente.
Y allí, con barba por las quijadas, unas gafas sucias y un jersey de cuello alto a rayas blancas y negras puesto como si fuera un marqués, sonrió al ver las letras que estaba esperando.

lunes, 26 de noviembre de 2012

La casa de Helia


Les propongo una cosa. Vamos a acercarnos a esa casa pequeñita bañada por la luz solar artificial, en Helia, y vamos a observar lo que ocurre en ella por la ventana. Quizás encontremos algo interesante. Pero, ¡cuidado! O nos descubrirá ese ser que, chirriando, manipula unas herramientas con las que controla el fuego, el fuego creado por los seres inteligentes para ocuparse de los animales…

Will agitó la sartén de nuevo, removiendo la tortilla para que no se pegase y canturreando una canción apenas audible por encima del silbido del aceite. Sus junturas y engranajes, invisibles bajo ese nuevo atuendo que le habían dado y el mandil de chef con bolsitos, se quejaban ligeramente.  El hecho de que Will no fuera humano sino un ser positrónico, un robot, había hecho que, a pesar de pasar varios años en la nieve de Inverna, sin hacer otra cosa que dar vueltas sobre su existencia y su creador, no olvidase cómo hacer una buena comida. Sus habilidades de Chef habían sido bien apreciadas por los Dueños en el ejército en el que había servido, y las habían potenciado, de manera que ahora, Will era todo un cocinero… Aunque todo hay que decirlo, un poco oxidado. Lo cual quedó patente en el momento en el que llegó una niña a la que parecía que la hubiesen acelerado.- Hooola Willy! Le dijo sorpresivamente, y esto hizo que al androide se le cayera más líquido del que estaba echando de la cuenta por el susto, lo que produjo unas llamas repentinas. Sobresaltado, Will retrocedió un par de pasos, dejando a la vista la articulación desnuda de metal de su tobillo. – Oye, no me des esos sustos!- La riñó, enfadado.- Y lávate las manos.- Cuando ella hizo un mohín de disgusto, él añadió:- Ya sé que no te puedes infectar, pero aún así lávatelas. Te vi jugando antes en el barro. Venga, antes de que llegue…- Un estruendo le interrumpió, seguido de un gruñido.- Quien coño ha puesto esta mierda en el… en el… que cojjjjj- los pasos se oían tambaleantes y cuando el hombre entró en la cocina se entendía por qué. Will soltó un suspiro cuando el cazador tomó otro trago de la botella de licor.-… casa, llena de trastos… TRASTOS!- gritó repentinamente, tirándole la botella a Will. Éste la cogió al vuelo y, mientras Van se tambaleaba, ebrio, echó parte del contenido de la botella en el plato que preparaba.- Mejor sabor, mejor sabooor…- Canturreaba.- Oye. Esa es mi botella. Oye oyyyeee…- Murmuró el hombre envejecido, apoyándose en la encimera.- Deberías dejar de beber tanto, tío Vany.- Dijo despreocupadamente la pequeña, que también era un androide.- Algún día te va a sentar mal.- ¿Maal…? Tonteríass… Soy un ángel, entiendess…? Aunque no. Pero esstoy perrfetamente. – La pequeña fue a llevar las cosas para la comida del cazador a la mesa, aunque éste seguía apoyado en la cocina de cualquier manera.- Oyye tú.. chatarra… ¿qué es eso que huele tan bien? Estas cocinanndo…- Will le señaló el plato que ya estaba en el carrito listo para ser servido,  mientras miraba el libro de recetas.- Es un plato que seguro le encanta señor. Se lo hacía a los oficiales y no tuvieron ninguna queja. Incluso repitieron.- Oficiales…- Y ya empezaba de vuelta. La absurda manía de Van de despotricar contra los altos mandos de cualquier organización era casi tan recurrente como la de Will con su existencialismo, sobre todo en estado de ebriedad.- Essos malditoss oficiales siempre… siempre… ¿Qué decía…?- Sin embargo, toda la fuerza se le había ido por la boca, y cuando la peque se lo quiso llevar hacia la mesa no opuso resistencia. Cuando el carrito llegó hasta allí, precedido por el robot, también pareció interesarse por la comida.- Hoy encontré este helado barato en el mercado… espero que le guste señor.- Dijo mientras agarraba la mano de Rioco para evitar que picase higos.- Hoy nada de eso señorita. Es el cumpleaños del señor Helsing y toda la comida es para él.- En ese momento el susodicho cazador se puso serio.- chatarra, quiero que seas sincero conmigo… ¿te lo estas pasando bien en la casa?- Rioco, que estaba sacándole la lengua a will en ese momento se giró, sorprendida por la repentina pregunta personal que había hecho el cazador, y volvió a mirar a Will para oír su respuesta. Éste frunció el ceño, pensando. Hasta se habrían podido oír los mecanismos de su cerebro chirriar, y todo. Pero no. Después de unos instantes, sonrió.- Aquí puedo hacer lo que mi programación dice que me gusta hacer. -Y Rioco, mirándolo y mirando también al cazador, esbozó una enorme sonrisa también.

lunes, 22 de octubre de 2012

The Expresionless


The Expressionless

 In June of 1972, a woman appeared in Cedar Senai hospital in nothing but a white gown covered in blood. Now this in itself should not be too surprising as people often have accidents nearby and come to the nearest hospital for medical attention. But there were two things that caused people who saw her to vomit and flee in terror.
The first, being that she wasn’t exactly human. She resembled something close to a mannequin, but had the dexterity and fluidity of a normal human being. Her face, was as flawless as a mannequins, devoid of eyebrows and smeared in make-up. That’s the other reason people were throwing up or fleeing in terror.
She had a kitten clenched in between her teeth, her jaws clamped so unnaturally tightly around it to the point where no teeth could be seen, the blood was still squirting out over her gown and onto the floor. She then pulled it out of her mouth, tossed it aside and collapsed.
From the moment she stepped through the entrance to when she was taken to a hospital room and cleaned up before being prepped for sedation, she was completely calm, expressionless and motionless. The doctors had thought it best to restrain her until the authorities could arrive and she did not protest. They were unable to get any kind of response from her and most staff members felt too uncomfortable to look directly at her for more than a few seconds.
But the second the staff tried to sedate her, she fought back with extreme force. Two members of staff holding her down as her body rose up on the bed with that same, blank expression.
She turned her emotionless eyes towards the male doctor and did something unusual. She smiled.
As she did, the female doctor screamed and let go out of shock. In the womans mouth were not human teeth, but long, sharp spikes. Too long for her mouth to close fully without causing any damage…
The male doctor stared back at her for a moment before asking “What in the hell are you?”
She cracked her neck down to her shoulder to observe him, still smiling.
There was a long pause, the security had been alerted and could be heard coming down the hallway.
As he heard them, she darted forward, sinking her teeth into the front of his throat, ripping out his jugular & letting him fall to the floor, gasping for air as he choked on his own blood.
She stood up and leaned over him, her face coming dangerously close to his as the life faded from his eyes.
She leaned closer and whispered in his ear.
“I…am….God….”
The doctors eyes filled with fear as he watched her calmly walk away to greet the security men. His last ever sight would be watching her feast on them one by one.
The female doctor who survived the incident named her “The Expressionless”.
There was never a sighting of her again.
Menos Slender man y más ESTO:

The Expressionless In June of 1972, a woman appeared in Cedar Senai hospital in nothing but a white gown covered in blood. Now this in itself should not be too surprising as people often have accidents nearby and come to the nearest hospital for medical attention. But there were two things that caused people who saw her to vomit and flee in terror.
The first, being that she wasn’t exactly human. She resembled something close to a mannequin, but had the dexterity and fluidity of a normal human being. Her face, was as flawless as a mannequins, devoid of eyebrows and smeared in make-up. That’s the other reason people were throwing up or fleeing in terror.
She had a kitten clenched in between her teeth, her jaws clamped so unnaturally tightly around it to the point where no teeth could be seen, the blood was still squirting out over her gown and onto the floor. She then pulled it out of her mouth, tossed it aside and collapsed.
From the moment she stepped through the entrance to when she was taken to a hospital room and cleaned up before being prepped for sedation, she was completely calm, expressionless and motionless. The doctors had thought it best to restrain her until the authorities could arrive and she did not protest. They were unable to get any kind of response from her and most staff members felt too uncomfortable to look directly at her for more than a few seconds.
But the second the staff tried to sedate her, she fought back with extreme force. Two members of staff holding her down as her body rose up on the bed with that same, blank expression.
She turned her emotionless eyes towards the male doctor and did something unusual. She smiled.
As she did, the female doctor screamed and let go out of shock. In the womans mouth were not human teeth, but long, sharp spikes. Too long for her mouth to close fully without causing any damage…
The male doctor stared back at her for a moment before asking “What in the hell are you?”
She cracked her neck down to her shoulder to observe him, still smiling.
There was a long pause, the security had been alerted and could be heard coming down the hallway.
As he heard them, she darted forward, sinking her teeth into the front of his throat, ripping out his jugular & letting him fall to the floor, gasping for air as he choked on his own blood.
She stood up and leaned over him, her face coming dangerously close to his as the life faded from his eyes.
She leaned closer and whispered in his ear.
“I…am….God….”
The doctors eyes filled with fear as he watched her calmly walk away to greet the security men. His last ever sight would be watching her feast on them one by one.
The female doctor who survived the incident named her “The Expressionless”.
There was never a sighting of her again.

En Junio de 1972, una mujer apareció en el hospital de Cedar Sinai (Los Ángeles), llevando nada más que un vestido ensangrentado. Nada en esto debería ser demasiado sorprendente por sí mismo ya que muchas veces la gente cuando tenía un accidente iba al hospital más cercano a por atención médica. Pero había dos detalles que causaron a la gente que la vio vomitar y huir aterrada.

El primero, era que no era "exactamente" humana. Parecía algo cercano a un maniquí, aunque se movía con la fluidez y destreza propias de un humano. Su rostro, impoluto como los de los maniquíes, carecía de cejas y estaba embadurnado en maquillaje. Esa es la otra razón para la gente huyendo aterrada.
Tenía un gatito apretado entre sus dientes, con una fuerza tan antinatural en las mandíbulas que no se veían los dientes, la sangre goteaba en su vestido y el suelo. Entonces se lo sacó de la boca, tiró, y se colapsó.

Desde el momento en el que cruzó la entrada hasta el que fue llevada a una habitación y limpiada y preparada para la sedación, estuvo completamente calmada, inexpresiva e inmóvil. Los doctores pensaron en que sería lo mejor retenerla hasta que llegaran las autoridades y ella no protestó. Eran incapaces de obtener ningún tipo de respuesta, y la mayor parte de ellos se sentían demasiado incómodos al mirarla directamente más de dos segundos.

Pero en el momento en el que trataron de sedarla, luchó con fuerza extrema. Dos empleados que la agarraban cayeron mientras su cuerpo se incorporaba en la cama, con la misma epxresión vacía.
Miró sus inexpresivos ojos al doctor masculino e hizo algo extraño. Sonrió.

Cuando lo hizo, la doctora que había gritó y se desmayó. En su boca no había dientes humanos, sino largas y afiladas espinas. Demasiado largas para cerrar la boca sin daños...

El médico jefe la miró un momento antes de inquirir: "¿Qué diablos eres?"
Ella, crujió su cuello hacia un hombro, ladeando la cabeza para observarle, sonriendo.
Hubo una larga pausa. La seguridad había sido alertada, y podían ser oídos según iban por el pasillo.
Según los oyó, se  lanzó hacia delante hundiendo sus dientes en su garganta, dejándole caer al suelo mientras se ahogaba con su propia sangre. Ella se levantó y se inclinó hacia él, su rostro acercándose peligrosamente a él mientras su vida se le iba de los ojos. Se inclinó más y susurró en su oído.
"Yo... soy... Dios..."
Los ojos del doctor se llenaron de terror según la vio ir al encuentro de los de seguridad, calmada. Su última visión fue ella, dándose un banquete con ellos uno por uno.
La doctora superviviente, la nombró "La Inexpresiva", y nunca se volvió a saber nada de ella.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Llamando al enemigo

- Hola... Sí, ¿me podría poner con el enemigo?... Ah... Ah, que no está.... Que sí está pero en el baño... Sí si, entiendo, claro... Todos tenemos nuestras necesidades, descuide.... ¿Podría decirle que he llamado?... ¿Que quién...? Ah, pues el enemigo... No, ya sé que el enemigo es él, pero yo soy su enemigo, así que... Ah, que es de esos que se llaman a sí mismos en tercera persona... sí si, es todo un villano, claro... Bueeno, pues dígale que llama el amigo, vale? .... no, ¡no hombre por dios! A ver, si él es mi enemigo, cómo voy a ser su amigo?... No, él es mi enemigo y yo soy el suyo... Vale... Pues que diga que le ha llamado el aliado del otro bando... Sí... ese mismo... Vale, que me llame...

lunes, 20 de agosto de 2012

Respetos

En mi opinión, en el mundo se deberían considerar al menos dos grandes clases de respeto: El Respeto Innato y el Respeto Adquirido.

Respeto Innato: El respeto innato lo adquiere cualquier ser con un mínimo de inteligencia, sea o no humano, y es inherente a su condición. Es el respeto que habla de la dignidad, el respeto que te garantiza que no seas humillado gratuitamente. Esto debería ser cumplido por todos y cada uno de los seres ya que, si se falta a este respeto, por una humillación, los culpables tendrían que ser sometidos a una humillación similar, sería el único caso en el que podría ser roto ese derecho universal.

Respeto Adquirido: Este respeto ya no es inherente a cualquier inteligencia emocional, si no que es un respeto que se adquiere respecto a algo realizado por el individuo. También es llamado reconocimiento, y puede ser producido por numerosos acontecimientos: Una batalla ganada con acciones heroicas, salvamento de personas, buenas acciones, hazañas... Cada tipo de respeto adquirido sería distinto, ya que, por ejemplo no es el mismo respeto el que ha conseguido un veterano de guerra condecorado que el que tiene un bombero o un cuidador de un centro de personas discapacitadas o un policía.

Este respeto adquirido o reconocimiento debería ser requisito indispensable para ciertas profesiones, por ejemplo para ser presidente de un país o una empresa se deberían haber conseguido ciertos logros que le garantizasen el respeto y el reconocimiento de los que tienen alrededor. No es un respeto innato y por ello, es algo que hay que ganarse por uno mismo.

jueves, 9 de agosto de 2012

Tánatos


La casa, algo vieja y destartalada, parecía vacía, lo cual no era de extrañar. El campo estaba siendo utilizado como campo de batalla por las dos facciones enfrentadas. Aunque se habían desplazado y ahora esa zona formaba parte de sus dominios, los tiros y las granadas aún resonaban en los oídos del hombre que, apoyándose en la puerta, caminó desmayadamente hacia el interior del granero mientras se sujetaba el estómago. Un maldito soldado enemigo rezagado le había sorprendido en la espesura , aunque le había disparado, él también se había llevado su parte.
El granero estaba vacío, lo que era normal ya que dado el estado de emergencia de la región los animales habían sido retirados y la gente evacuada a lugares más seguros.
Se echó en un montón de paja, mirándose las manos ensangrentadas. ¿Cuándo acabaría esa absurda guerra? Él se había alistado porque quería servir a su país, pero alargar tanto esa situación empezaba a ser ridículo. Ellos, simples peones de los de arriba, mataban y morían, como piezas de ajedrez, sacrificables por los altos mandos militares que disponían de ellos como querían.
Respiró hondo. Todo le daba vueltas, aquella herida tenía que ser examinada por un médico… Cogió con las manos temblorosas el dispositivo de comunicación, sin embargo, no llegó a encenderlo.- No llegarán a tiempo.- Al oír la voz, el soldado se intentó erguir para ver su origen. Un joven de edad indefinida y vestido de negro, estaba allí, sentado sobre un tocón de madera que alguna vez había servido para cortar leña, aunque a primera vista el soldado habría jurado que no había nadie.- ¿Quién… quién eres?- Aquel hombre, aunque tranquilo, despedía una sensación extraña, una sensación de que no pertenecía a aquél lugar. Palpó en busca de su arma.- No te servirá de nada. Usaste tus últimas balas contra aquél soldado, recuerdas?- ¿Cómo podía saber eso? ¿Le habría seguido? No… pero era imposible, no había nadie… Debía de estar soñando, sólo podía ser una alucinación. Un delirio.- N-no eres real… sólo estás en mi imaginación.- El hombre sonrió enigmáticamente pero no dijo nada.
El soldado cogió el dispositivo y lo encendió, emitiendo una alarma de socorro. Sus compañeros conocerían su posición.- No llegarán a tiempo.- El hombre aún seguía allí aunque intentó no hacerle caso. Sin embargo, algo lo mosqueaba. Las alucinaciones de los delirios solían ser de alguien a quien conocías, tu madre, tu amigo… ¿Se estaría volviendo loco?- ¿Quién… quién eres?- El otro sonrió, dándose la vuelta hacia él.- ¿Eres creyente, Brent?- Brent ni se sorprendió de que conociera su nombre. Después de todo, era una alucinación… ¿no?- Claro que lo eres.- Sus ojos se posaron en el colgante con forma de cruz griega que Brent tenía en el pecho.- Entonces quizás te resulte más fácil entender quién soy y qué hago aquí. Mi nombre- dijo acercándose- es Azrael.  El ángel de la muerte.- Brent contuvo la respiración. ¿Ángel? Pero si sólo era un hombre.
Un hombre loco que estaba tan tranquilo en una zona de guerra.- ¿Me esperabas de otra manera, Brent? ¿Me esperabas con alas y una cruz o algo por el estilo? ¿Por qué debería responder a las representaciones que los humanos han hecho de mí? No son reales. Tal vez otros de mis compañeros prefirieron manifestaciones más gloriosas en tiempos antiguos, pero el hecho es que a mí me gusta más ser discreto.- ¿ti…tiempos antiguos?- Balbuceó Brent. Ya ni se preguntaba si lo que veía era o no real. El dolor en el vientre comenzaba a remitir.- Claro,- dijo Azrael con calma.
- Vivimos desde hace mucho tiempo, realizando nuestra labor. Cada uno de nosotros tiene una labor en particular, aunque hemos tenido varios nombres, nombres que los humanos nos habéis dado según el sistema al que nos creíais pertenecer. Así, a través de los tiempos, a mí me han conocido por ejemplo, como Mordad por los habitantes de Persia, Thanatos por los griegos, Mors por los romanos, Sokar por los egipcios, entre otros. También otros de mis compañeros han ido tomando distintos nombres.- Brent le miraba, entre incrédulo aterrado.- No tengo manera de probar lo que te he dicho, pero tampoco tengo intención de hacerlo. Hoy tengo otro asunto pendiente aquí. Tienes que venir conmigo.
Brent tragó saliva. ¿I-iba a morir?- A todos les llega su hora, Brent. Pero tranquilo. Lo que has de sufrir ya lo has sufrido.
Tánatos se acercó a Brent y le tendió la mano.- Levántate.- Con una lenta sorpresa, Brent se levantó a duras penas, dándose cuenta de que su estómago… ya no le dolía. Tánatos le sonrió.- Vamos.- Sin embargo, Brent aún no estaba preparado. Miró a Tánatos, algo suplicante. Y habló.

-          Venga, venga!- Dijo el cabo Fork entrando con algunos soldados en el granero abandonado- Quiero encontrar a Brent a tiempo para llevarlo con la unidad médica! Tenemos suerte de que haya encendido el dispositivo… Si no…- Apretó los dientes. Aguanta, Brent, pensó. Ya estamos aquí.
Sin embargo, era demasiado tarde. Un hombre vestido de negro, joven, estaba en la puerta.- Ya se ha ido.- Fork le apuntó con el ceño fruncido.- Eso es mentira! ¿Y tú quién eres? Esta zona ha sido evacuada!- El desconocido se acercó tranquilamente haciendo caso omiso al cañón del arma del militar- Su hora había llegado. No habríais podido hacer nada.
-          ¡Te he hecho una pregunta! ¡Responde!
-          Si te dijera lo mismo que le dije a él, no me creerías. No lo harías, como hizo él. Sin embargo, te lo diré. Soy la Muerte.- El disparo resonó en el granero y todos los soldados volvieron la vista hacia Fork y el desconocido, que seguía ileso.-… y, como te imaginarás, es inútil tratar de matarme a mí. Brent quiere que te de esto para su mujer.- Le alargó un sobre, que Fork renunció a coger al principio. No podía ser verdad. No Brent… - Y que lo siente por lo de Little Hill.
Las lágrimas empezaron a caer por el rostro de Fork. Brent…
-          No sufrió demasiado.- con estas palabras, el desconocido abandonó la nave.

viernes, 20 de julio de 2012

Nueve Años


-¿A Tokio?- Maboroshi-sama, sus conocimientos sobre física cuántica nos pueden servir de gran ayuda ahora en Tokio.- El hombre con traje de color negro y gafas oscuras la miró gravemente.- Imagino que sabe lo que ha ocurrido hace un par de semanas en Tokio, ¿verdad?- Ella asintió, asustada. – La ciudad está en caos, la mitad de la ciudad está en cuarentena y están apareciendo nuevas formas de vida continuamente a la vez que desaparecen… no entendemos qué está pasando… La necesitamos allí ahora.- Mai miró atrás, al salón de su casa. Hayato estaba comiendo con el pequeño, con Keita, que en este momento miraba la escena con curiosidad, dejando gotear un polo de limón que había de postre, lo cual formaba un pequeño charquito amarillo en el centro del plato.- Piense en ellos.- Le dijo el hombre en un susurro.- Todo cuanto conocemos, cuanto amamos… podría cambiar de un momento a otro. Necesitamos conocer a qué nos enfrentamos. La necesitamos a usted, y Tokio es el único lugar donde puede servir.- Ella le miró de nuevo, dubitativa.- Pero no ha sido sólo en Tokio, ¿verdad? He oído que en Sudamérica también está habiendo problemas.- Su marido, su hijo… Su familia… Amigos… - Eso es en Sudamérica, tenemos personal en ello… Pero usted tiene que estar aquí. Le necesitamos, Maboroshi-sama. Su país le necesita.- Ella siguió dudando.
Lo que le habían dicho era tajante. Tenía que apartarse de todo cuanto conocía, su trabajo sería secreto. Los efectos a los que se les expondría en Tokio serían desconocidos y no podían arriesgarse a que contaminaran al resto del país. Y tampoco podían permitirse filtraciones de información. Era una ruptura con todo. Además, aunque aquél hombre no lo hubiera mencionado, había una amenaza implícita bajo sus palabras inexpresivas. No era conveniente que lo rechazase.
Pero allí las cosas ya no eran como antes. Ya no eran como aquél día, ahora tan lejano, en el que el pequeño Keita hacía lo que fuera por hacer feliz a mamá. Desde hacía unas semanas, el pequeño había cambiado. Tal vez los psicólogos intentasen achacarlo a una pubertad anticipada, pero lo cierto es que nadie se volvía un témpano de hielo de la noche a la mañana porque se estuviera convirtiendo en adolescente antes de lo previsto. Y algo le decía que todo aquello de Tokio tenía algo que ver. Apretó los dientes y volvió a la mesa.- Voy… Voy a aceptar el trabajo.- Hayato sonrió, intentando quitarle hierro al asunto. Keita no dijo nada. – Un coche la recogerá a las 8. Tenga preparado lo más indispensable.
El resto de la comida y la tarde pasó en un silencio tenso mientras ella colocaba en una maleta lo más importante, un silencio sólo roto por las preguntas del pequeño.- ¿Te vas?- dijo, cuando la  vio colocando ropa sobre su cama. Ella se agachó frente a su hijo y le tomó por la cintura.- ¿Recuerdas al señor que vino antes? Ese señor me dijo que había algo en Tokio muy complicado y que me necesitan para resolverlo.- ¿Y por qué no puedes resolverlo desde aquí?- Ella sonrió. En su casa tenía un ordenador con varios programas de simulación y cálculo en los cuales muchas veces podía hacer parte de su trabajo, era lo que Keita sabía.- Porque la gente todavía no sabe lo que hay allí, y para mandármelo tienen que saber lo que es.- El niño la miró con los ojos abiertos como si entendiera de verdad lo que quería decir,  y ella sonrió y le dijo que si podía ayudarle a recoger la ropa para meterla en la maleta.
Era la hora. Mai Maboroshi cerró la maleta con un clic y la cogió, dispuesta a salir a por el coche. En el último rato, su hijo había desaparecido… Su único hijo… De joven nunca había pensado que alguna vez tendría una familia, de hecho odiaba a los niños. Sólo estaba centrada en su trabajo. Eran unos años que no le gustaba recordar. Todo había cambiado cuando conoció a Hayato, él había traído luz a su vida y la esperanza de una vida feliz y tranquila en familia. Esperanza que se desvanecía con los sucesos de Tokio, con su trabajo. Se sentía de nuevo lejos de Keita, lejos de Hayato. Lejos de su familia…
Su marido le dio un beso.- Todo va a salir bien, cariño.- Le dijo él sonriendo mientras la abrazaba.- Hablaremos todos los días, ya sabes, como en los viejos tiempos.- Ella rió, recordando su relación por Internet, cómo había funcionado y cómo él se había acabado desplazando a Osaka para conocerla y, poco más tarde, vivir con ella. De nuevo le dio la punzada de rechazar el trabajo, pero se obligó a sí misma a apretar los dientes y seguir. Lo que estaba pasando en Tokio y en Sudamérica… Aquellos accidentes… Su instinto le decía que eso era el inicio de algo grande. Algo que cambiaría el mundo. Y quería que, al menos, su familia, siguiera viva.
Keita se encontraba esperando en la puerta. Era de esperar que un niño llorase al separarse para siempre de su madre, como ella le habría explicado, sin embargo él no había derramado ni una sola lágrima. Estaba allí, de pie, como si ella se fuese a la compra o a dar un paseo y él hubiese ido a despedirla.- kaasan.- Ella se puso en cuclillas y lo abrazó.- ¿Vas a investigar ese lugar?- Sí, Keita-kun… Te prometo que hablaremos a menudo, ¿Vale? Pórtate bien y cuida de papá.- Él seguía serio.
-          - Kaasan.
El hombre de las gafas oscuras apareció por la puerta de nuevo.- Es la hora.- dijo. Maboroshi Mai salió al jardín de su casa, viendo el coche que se apostaba en la puerta.- ¿Lo llevas todo, cariño?- Dijo Hayato.
-         - Kaasan.
Se despidió de su marido con un beso y un abrazo muy fuerte. Las comunicaciones estaban seriamente vigiladas en el interior de las instalaciones, según le había explicado el hombre de negro. No podrían hablar tanto como hubieran querido. Se inclinó hacia su hijo, que seguía estático e inexpresivo.
-         - Kaasan.
Con lágrimas en los ojos, Mai se volvió a levantar y giró sobre sus talones en dirección al coche. El hombre metió su maleta en el maletero y a continuación le abrió la puerta trasera.
-          - Kaasan.
-         - Keita, cariño…- Su madre le saludó desde la ventana.- Te quiero mucho, mi amor.
-          - Kaasan.
Según se fue alejando, siguió mirando por la ventana a su familia. Su marido la despedía en la calle, sonriendo y agitando la mano, y sobre la pared del jardín se había subido su hijo sobre aquel contenedor que siempre tenían y siempre se olvidaban de tirar.
-“Kaasan”
Con lágrimas en los ojos, Mai se giró hacia delante, incapaz de volver a ver los labios de su hijo pronunciar esa palabra.- ¿Có-cómo ha dicho que se llama la organización que lleva todo esto?- El hombre de negro sonrió ligeramente.- La organización que trabaja para restaurar el orden en Japón… Y el resto del mundo… La organización para la que usted trabaja… Se llama Sindicato.


*Kaasan significa "Madre".