viernes, 1 de junio de 2012

Don Juan Triunfante



Para Marta

Sonrió. Era una sonrisa muy triste, cargada de soledad y pequeños matices de dolor y rabia. Todos los días lo mismo. Estaba harta.Sacó su gastado Stradivarius, su mayor reliquia y su fiel y único compañero, y comenzó a tocar cerrando los ojos. La gente pasaba delante suyo, pero no oía el sonido de las monedas impactando contra la funda de su violín. Tampoco la importó demasiado.Todos los días tocaba la misma canción, tan triste que se te desgarraba poco a poco el alma. Nunca aprendió a tocar ninguna otra pieza.Sabía que esa iba a ser su última actuación. Pequeñas lágrimas florecieron de sus cansados ojos, pero no hizo nada por detenerlas. Era su manera de decir adiós a toda esa vida cargada de tristeza, soledad e impotencia.
Lloró por su vida, por sus sueños sin cumplir, por su difunta familia y por su violín. No tenía ninguna otra cosa por la que llorar. Al final del día, recogió el poco dinero que había obtenido y se dirigió al muelle de la ciudad, lugar que frecuentaba todos los días cuando acaba de actuar. Se sentó y se abrazó las rodillas mientras rompía a llorar. Su sueño había sido poder tocar en París, que el público aplaudiera, y sintiese las lágrimas correr por sus mejillas de pura felicidad.
Pero aquello donde estaba era lo más distinto que podía imaginar. No quería seguir así. Simplemente, no podía. Así que, con calma, dejó el dinero recaudado en el suelo, y posteriormente el violín después de haberlo abrazado por última vez. Miró a la ciudad, al cielo, al mar, a todo lo que pudo.Y se tiró. Sin miedo, sin remordimientos, sin mirar atrás.Lo único que oyó antes de que su cuerpo impactara dolorosamente contra las bravas olas del mar fue la melodía que tantas veces interpretó: Réquiem por unos sueños rotos. 


El cuerpo se hundió lentamente en el agua. El impacto la había aturdido. 

Las gotas de agua empezaron a impactar en la superficie líquida, como un último lamento a aquella que sin haber sido nunca recompensada por su talento, vagaba cada día por allí y le regalaba unas notas al mundo. Aquella que ya no podía más. Aquella que, presa en la desesperación, había decidido acabar por su vida. 
Pero, sin embargo, aún había alguien que no estaba de acuerdo.
Alguien que no iba a permitir que eso ocurriera. El hombre bajó del coche negro en el sitio donde la chica había caído. Su violín y su dinero aún se encontraban allí, y cuando el desconocido embozado los reconoció, pateó las monedas, pero sin embargo, recogió el violin con sumo cuidado y se lo dio a otro hombre que le había seguido fuera del coche y que le estaba abriendo un paraguas.- No te molestes, John. No va a servir de nada.- Dijo el primero, quitándose la gabardina y la americana quedándose en camisa, una camisa negra como la más negra noche, al tiempo que salía del paraguas y alzaba los brazos al cielo soltando una carcajada.
- ¿No te parece, John, que es una noche magnífica para revivir aquello que ya está muerto?- Un trueno respondió a su macabra pregunta, y, tras darse la vuelta y sonreír a su ayudante, y para sorpresa de este, se dejó caer al mar, donde buceó en las oscuras aguas en linea recta, en busca del cuerpo que había caído minutos antes.
El hombre era un buen nadador y estaba en buena forma física, pero las frías aguas no tenían piedad. Se hundió más y más en la oscuridad, guardando su aire como un experto buceador, avanzando a tientas, hasta que su mano palpó algo. El frío había entumecido sus sentidos pero sin embargo, lo reconoció. Era una vieja y ajada zapatilla siguió tocando, y la pierna que encontró después le devolvió un tacto viscoso y muerto.

Sin siquiera comprobar si vivía o no, el hombre tiró de la chica. Tenía que servir para su propósito. Tenía que sobrevivir.  Cuando por fin la tuvo sujeta por los hombros, inconsciente, probablemente con hipotermia, no se lo pensó dos veces, y juntó todo el aire que le quedaba en la boca para dárselo a ella mediante un beso de vida. Sin detenerse a pensar, de una potente patada se impulsó hacia la superficie. En las frías aguas del océano, si te detienes a pensar un solo minuto estás muerto. Finalmente, casi sin sensibilidad, llegó a la superficie. Miró a su ayudante, el cual se encontraba ya al borde del agua y con una escala preparada para ayudarle a salir. La operación concluyó en unos instantes, y, junto con el violín, la joven fue arrebatada de las garras del mar. 

Cuando recuperó la consciencia, aún con los ojos cerrados, lo primero que oyó fue el golpeteo de la lluvia contra un cristal. Un sonido que había oído demasiadas veces en su infancia. ¿Dónde estaba? Sería aquello el cielo?¿O acaso estaría en... no. No era posible que estuviera en el infierno. No se le ocurría un infierno que oliera tan bien como aquel lugar. Y ese sonido... ¿acaso estaba frente a una chimenea? No pudo evitarlo y abrió los ojos del todo. La hoguera crepitaba a un par de metros escasos, y, cuando se situó un poco más, pudo vislumbrar algo más de la habitación. La alfombra mullida sobre la que se encontraba, la lámpara que se encontraba apagada, y el sillón que había a su lado. Había alguien sentado en él, pero no podía verle la cara. También tenía una manta sobre su cuerpo, pero aquellas piernas eran de caballero. Lo había aprendido demasiado bien en la calle. Una mujer más bien mayor entró a la estancia llevando una bandeja con unas cuantas magdalenas- Eso era lo que desprendía aquél olor- y un par de tazas de café humeantes.- Coja, por favor, no se vuelva a enfriar. No querrá enfermar de verdad, eh?- le dijo con un guiño y le hizo coger un par de magdalenas y una taza de café, que resultó ser chocolate caliente, para luego ofrecerle al caballero, que tomó la taza.
- Perdone...- balbuceó ella- ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Es el cielo acaso? ¿Es usted...- El hombre la cortó, con una voz firme y bien modulada. Una voz de cantante.- Está usted en mi casa, señorita, o al menos en una pequeña morada que me puedo permitir aquí. Anoche creo que debió dar un traspiés y tener un encontronazo con el agua. Tranquila, está a salvo.- Ella intentó levantarse, pero le fallaron las piernas.- No... No puedo... no quiero estar...- Las carcajadas del hombre, que por la voz tendría unos cincuenta años, resonaron en la estancia.- ¡Mi pequeña Christine Daaé del violín no quería estar en este mundo! ¿Sabe, joven? No soy un hombre afortunado, ni siquiera puedo decir que sea un hombre feliz. Intente levantarse y acérquese a la ventana.- A duras penas, ella consiguió ponerse en pie y, apoyándose en la cabecera del sillón, llegó hasta la ventana. Allí estaba. Por fin sabía dónde se encontraba.
 Podía ver la calle desde allí, una calle que ella conocía demasiado bien. La calle donde ella solía tocar. Se encontraba en el viejo edificio de pisos.- ¿Lo ve, señorita? Día tras día, la observaba. Observaba cómo llegaba, cómo tocaba intentando ignorar a la gente, pero a la vez intentando complacerles. Cómo empeñaba su arte frente a esos seres que no logran comprenderlo. Sin embargo, mi joven amiga, yo reconozco su arte. Y no solo yo. Mire en el alféizar.- La fotografía de una joven rubia muy guapa estaba rodeada por un marco dorado.- Ella era mi mujer. Su pieza favorita, era el réquiem que toca cada día en su plaza. Me decía que le recordaba a su padre fallecido. Y sin embargo, un día, a ella le llegó la hora.
Ella miró al sillón y a su desconocido anfitrión, ignorando a dónde quería llegar..- Todos los días, a las cuatro y media de la tarde, abro la ventana para revivir, por unos momentos, esa pieza que mi mujer llegó a admirar. Esas notas cuyo sonido era capaz de transportarme a épocas lejanas en las que yo aún era feliz. Todos y cada uno de nosotros, mademoiselle, necesitamos encontrar nuestro lugar en la vida. Y creo que yo puedo dárselo. Le enseñaré a jugar con las notas. A charlar con los pentagramas, y a tratar a los sostenidos como si fueran viejos amigos. Sin embargo, señorita, no voy a hacerlo gratis. Todos los días, a las cuatro y media, usted interpretará esa pieza, única y exclusivamente para mí.- Se puso en pie, y ella vio cómo una máscara cubría su rostro, dejando a la vista unos mechones castaños que aún decoraban su cráneo.- Y, un día, volveré a la Opera Garnier. ¡Volveré, y les demostraré que no pueden tomar a broma a Erik y a su Don Juan Triunfante!- El bramido de aquél hombre, con sus aterradores tintes de bestialidad, la hizo apoyarse en el alféizar. Y sin embargo, otra parte de ella, lo sabía. Ya nunca más estaría sola, nunca más pasaría hambre por culpa del frío y hostil invierno. Sabía que nunca volvería a sentir las gotas golpeando en su cara. Por fin ella, y su viejo violín, habían encontrado un destinatario para sus canciones. Nunca volvería a estar sola.  

Los aplausos cubrieron el patio de butacas de la Opera Garnier, en París, mientras la joven violinista saludaba con gracia. Todos murmuraban entre sí. La artista, con un talento sin igual, había salido prácticamente de la nada apenas un año atrás, y había ido escalando puestos hasta conseguir llenar el aforo del teatro. 
La joven, que parecía tocar poniendo su alma en ello, saludó una vez más, y todos volvieron a aplaudir clamorosamente. Aquella pieza, su pieza, el Requiem que la había acompañado desde aquellas frías y tristes calles del oeste, por fin la había llevado a lo más alto. Al estrellato. Y, sonriendo, pareció perder la vista en el horizonte, saludando a algo, o a alguien.  
Sin embargo, ella no estaba perdida. Sabía que, en algún lugar del teatro, tal vez en el palco 5 que ella había reservado especialmente para él, alguien, que había existido casi dos siglos atrás y que había vuelto del mundo de los muertos para llevarla a lo más alto, estaba viéndola con sus ojos como brasas. Y sonrió. 
Ese era el momento, pensó. Su momento.  Y, tal vez, si él estaba allí, por fin recibiría su pago. El presentador se subió al escenario, tomando el micrófono.- Y ahora, damas y caballeros, sin incluirlo en el programa y como actuación sorpresa, me gustaría que diesen un fuerte aplauso a una nueva pieza que ha llegado a nuestra ópera y que he de reconocer que les sorprenderá. Con todos ustedes... Don Juan Triunfante.- Entre bambalinas, ella sonrió. Era su ópera, la ópera que él había compuesto. Era su gran lanzamiento al estrellato.  

Y empezó la función.

 Firmado: F. de la O.

martes, 29 de mayo de 2012

Planes (II)


El recepcionista, obedeciendo al enmascarado, había tomado las cajas y las había llevado a su destino. La sala de control. Allí, los guardias y el personal de seguridad tragaron saliva. Y, para más INRI, no podían llamar a la policía… Sólo podían esperar a sus propios refuerzos.
El enmascarado pareció sonreír. Y apretó el botón rojo que había en la pared.

El agudo sonido sobresaltó a Anna Salazar, que sin embargo ya se lo esperaba.

Según se asomó al despacho vacío miró cuidando de que nadie la viese y mandó una granada, para seguir corriendo y tirando alguna bomba de humo disimuladamente.

Las bombas estallaron, la confusión se hizo mayor y los científicos y empleados comenzaron a salir despavoridos de sus laboratorios y salas varias. Confusión. Lo que ella quería.
Una vez en el pasillo de celdas para sujetos humanos, Anna se detuvo ante una en concreto y abrió la puerta con una llave electrónica que su hermano había conseguido. La puerta emitió un chirrido.
La habitación, con escasa iluminación, parecía vacía, excepto por un bulto con pelo rosa que, en una esquina, abrazaba un muñeco sin vida. La pequeña susurraba algo inteligible. Sus adornos para el pelo, que parecían de hueso, le daban una apariencia siniestra, y Anna salió de la habitación, dejando la puerta abierta, maldiciendo, y entró miró el número. Mierda. Con los nervios y con la alarma no había podido evitar confundirse. Echó a correr  en dirección a la celda en la que estaban su objetivo, en dirección contraria a la de los pocos científicos que aún quedaban allí. 

¿Dónde estaba su hermano? Conociéndolo, debería haberlo programado y las celdas deberían haberse abierto a la vez. Sin embargo, el plan parecía estar a punto de irse a pique, pensó. El guardia iba hacia ella.- ¿Señorita? LA salida de emergencia está por allí.- La presión estaba pudiendo con ella… En aquel nido de serpientes una mangosta como ella no podía estar quieta, no podía simplemente actuar y fingir que no pasaba nada. Empezó a temblar violentamente mientras el guardia se acercaba, aparentemente preocupado. Pero, ¿y si la había descubierto? ¿Y si se la entregaba a sus superiores? Alguien como Annie nunca iba a  permitir algo así, aunque de hacer algo echaría a perder el maravilloso plan que Gabriel había escrito para ellos. P-pero aguantar era d-difícil… Inconscientemente, empezó a mover la mano hacia la granada que le quedaba. El guardia se acercó preocupado.- ¿Señorita? ¿Está usted bien?-
La carcajada resonó a lo largo del pasillo, mientras dos figuras aparecían en el ascensor. Keith Cold, con la cabeza gacha, les miraba, derrotado. El terrorista con la máscara de gas y un traje antibalas como los de los SWAT soltó otra carcajada mientras Keith miraba hacia abajo, apuntado por el cañón del arma.- PUES CLARO QUE NO ESTÁ BIEN, GILIPOLLAS! JAJAJAJAJAJA-  Los dos avanzaron. Keith, con bata de laboratorio, ni siquiera intentó liberarse. El guardia tragó saliva. Terroristas. A la primera figura la siguieron más, igual vestidas.

El guardia apuntó hacia el que tenía al rehén, intentando parecer valiente a los ojos de la atractiva rubia aunque estaba muerto de miedo.- Señorita, será mejor que se ponga detrás de mí.- Ella no se hizo de rogar, y, en ese momento, Gabriel pensó que sería un buen momento y el sistema electrónico se desconectó. Las puertas se abrieron con un chirrido.-
-          Eso es, imbécil… Hemos venido a por vuestra puta pasta… Así que cuanto más caos haya por aquí mejor, JAJAJAJAJA… Ahora venga, imbécil. Ven con nosotros si no quieres que este muera.-

Mientras el guardia intentaba lidiar con los enmascarados, Anna retrocedió y fue a buscar a los rehenes que buscaba.


La puerta de la celda estaba entreabierta, y, empujándola, la abrió del todo, mirando al interior de su habitación.

El encuentro fue enternecedor, y madre e hija, que eran prácticamente iguales- El mismo pelo rubio, los mismo ojos- se fundieron en un abrazo una vez que Anna la liberó de su bloqueo. Después miró al bulto que descansaba tras ella, inerte. El rebelde antaño conocido como Rex Salazar, neutralizado con un dispositivo de alta tecnología, se hallaba sin atadura alguna, y, apresuradamente, Anna sacó unos uniformes de limpieza que previamente habían preparado para el escape. Vistieron a Rex como pudieron después de hacerlo ellas y salieron rápidamente de la celda. 

No había ni rastro de los combatientes, y cuando llegaron a los pisos superiores volvieron a mezclarse con el gentío. Esquivando a los científicos asustados, Anna guió a su madre, que llevaba a un Rex aún inerte hasta la salida trasera, sin que nadie se percatase entre la confusión y el fuego. Una furgoneta de limpieza las esperaba, alguien bajó la ventanilla y las miró.
-         ¿Suben, señoritas?- Gabriel esbozó una sonrisa. El rescate ya había terminado. Sin embargo, cuando volvió a acelerar para salir de allí, Anna recordó algo.
-          -¿Y Keith? ¡Aún está allí!- Gabriel apretó los dientes y frunció el ceño.
-          -Ese era el plan. Creará un poco más de confusión hasta que estemos a salvo- Esa parte del plan era la que menos le gustaba. Y a su hermana también.- ¿Eres imbécil? No vamos a irnos sin él.- dijo ella intentando arrebatarle el volante. Él pegó un frenazo.- Yo tampoco lo quería así, ¿sabes? Con los rehenes que utilizó estarían entretenidos un buen rato. No es una decisión lógica.- Anna le miró, furibunda. Pero tenía razón. Y el asesino, por regla general, solía tomar decisiones lógicas, al igual que ellos. Era un psicópata.- Pero fue su decisión, Annie. No podemos hacer nada. Volverá a contactar con nosotros para sus honorarios. Eso fue todo lo que me dijo.
La furgoneta se perdió en la carretera de camino a la ciudad. En el edificio, los refuerzos de los científicos habían quedado paralizados por los secuestradores, que les apuntaban con sus armas con una seguridad y un silencio aplastante. Sólo el líder, con su rehén, hablaba. El portavoz.

Keithar miró al suelo, calculando. Ya deberían estar suficientemente lejos, pensó. Y, con un movimiento, se deshizo de la soga que le unía al enmascarado mientras corría hacia los otros, que le acogieron con los brazos abiertos y le sacaron de primera línea de batalla. Con la que se había montado, nadie habría pensado en cuál sería el verdadero propósito del ataque.
-          Ahora ya hemos soltado al rehén…  Empieza el juego.- "Dijo" el capitán de los enmascarados. Keith sonrió, ya sin ojos sobre él.

Ventriloquía. La habilidad de hablar a través de otros, que había sido considerada prácticamente un arte circense desde siempre, había sido su as en la manga durante toda la operación. Nadie lo habría imaginado. Los pobres rehenes, dentro de los trajes, estaban muertos de miedo, sin embargo, no había nada que pudieran hacer. La tensión subiría hasta que, finalmente, fueran asesinados. Porque ellos no iban a disparar.

Y entonces, pensó Keith mientras palpaba la pistola de su espalda y las granadas que aún quedaban en sus bolsillos, empezaría la matanza. 

Planes (I)


Por fin estaba todo preparado. En el cuchitril de Keith- Que estaba bastante lejos de ser un cuchitril, el joven de pelo negro y mirada fría tenía bastante poder adquisitivo- las cosas estaban desparramadas por doquier.  Tras la labor de recopilación de información que habían realizado días atrás, obteniendo el paradero de los rehenes del capo de la mafia que les había emboscado y atrapado para obtener una recompensa cuantiosa de cierta agencia de seguridad, el pequeño grupo de rescate se las había arreglado para obtener la dirección en la que se encontraba su objetivo, gracias a las alucinantes labores electrónicas de Gabriel Salazar, el hermano de Anna.
Y los datos que habían obtenido no eran nada tranquilizadores.
El complejo científico que se encontraba en el Distrito 9 no era solamente secreto, sino que además parecía ilegal. Los planos conseguidos por el joven hacker se sucedían en la gran pantalla de plasma en el salón, mostrando laboratorios, salas de conferencias, pasillos de “celdas” (los tres sabían a qué tipo de seres estaban destinadas)…
Sin embargo, no habían parado quietos ni un solo instante. Tras el primer plan formulado por Gabriel, no habían parado de buscar lo necesario y establecer las tareas que realizarían en ese complejo el día señalado. Las armas se encontraban sobre la mesa sobre un pequeño mantel, los dispositivos en el frutero y el perchero estaba lleno de unos trajes negros que también necesitarían.

Y por fin, había llegado el gran día. Gabriel observó a su hermana y al asesino de negro prepararse para la ocasión. Las habilidades y la experiencia de este último le habían relegado a él a una posición más apartada, que aunque le dejaba discriminado de la acción, por otra parte le mantenía a salvo de ésta. Además, sabía que no había nadie más que pudiera controlar la situación como él, dadas sus habilidades.

Sin embargo, miró a su hermana, preocupado. Dudaba que la joven rubia tuviese el autocontrol necesario para realizar la operación sin problemas a pesar de que ella había prometido que nada fallaría.

Y el plan comenzó. Los tres habían memorizado los planos. La teoría ya estaba. Ahora tocaba la acción.

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El chico de los recados se asomó al laboratorio con semblante interrogante.- ¿Mr. Lamper? ¿Dónde debería poner estas cajas?- Unas cajas de cartón con la palabra “FRÁGIL” escrita en su dorso asomaron por el dintel de la puerta de plástico. El encargado leyó el cartel que ponía ahí, y, rascándose la barbilla, le señaló un almacén en la siguiente puerta.- ¿Para qué querría Genética nuevo material?
La puerta del ascensor se abrió, y el hombre con el abrigo negro se acercó al mostrador. Su máscara no inspiraba confianza.- Identifíquese- Dijo el recepcionista dejando ver el cañón de un  arma. Aquella era una zona legal pero aquél tipo no inspiraba precisamente confianza. Las cámaras se apagaron, y, con un gesto teatral, el desconocido se abrió el abrigo, dejando ver las bombas.

-         - Me gustaría conocer el local.


Anna Salazar caminó nerviosa por el pasillo. El plan no debería ser excesivamente difícil, Gabriel tenía las cámaras y Keith se encargaría de la parte más ruidosa. Se dirigió al pasillo de celdas. ¿Sería capaz de mantener la calma? ¿Conseguiría no mandar el plan a pique?

lunes, 28 de mayo de 2012

Explosión


La noche cubrió a la pequeña ciudad, sumiéndola en un remanso de tranquilidad mientras todos dormían. Al menos, en apariencia.

Porque las cosas nunca son lo que parecen.

En la oscuridad de la noche, cuando la gente decente está metida en la cama, las alimañas salen de sus guaridas para hacer sus sucios negocios.
Para realizar turbias visitas al segundo piso de un edificio de la calle Maple.

Y allí, en el silencio de la madrugada, Carlos Mendoza, el terrorífico líder de la banda de los Mendoza que dominaba la parte Este de la ciudad, con más de dos metros de altura y una musculatura impresionante, derribó la puerta de madera sin aparente esfuerzo.
-¡Rayo negro!- Gritó enfurecido, seguido de sus guardaespaldas. La casa del joven asesino estaba en silencio, el pasillo que llevaba al salón estaba oscuro. Sin embargo, el sicario que había sido encargado de espiarle le había visto entrar allí. Mendoza entró hasta el salón y encendió la luz.

Allí estaba. Oculto por un manto de color negro como era habitual en él y con su casco de apariencia alienígena, el joven parecía dirigirles una mueca burlona mientras mostraba un cuchillo en su mano en el reposabrazos del sillón en el que estaba sentado.
Sin acobardarse lo más mínimo, el capo se lanzó hacia él, arrancándole el cuchillo de la mano y agarrándole del cuello-
-¿¡Dónde está mi mercancía!? ¡¡¿DÓNDE?!!
La visión de aquél gigante enfurecido acobardaría a cualquiera, pero la figura enmascarada no hizo un solo movimiento. Una voz ahogada surgió de las profundidades de la máscara.
-         Está bien… Si quieres tu mercancía, te diré dónde está… Pero a cambio dime dónde os habíais llevado a los rehenes.- El capo apretó más.- Venga… Sabes que no voy a salir con vida de aquí.
El gran hombre sonrió con una mueca de depredador. De quien se sabe ganador. Y se confió. Pero no soltó su presa.- De acuerdo. Después te desenmascararé y veré esa sucia cara de víbora que tienes. Veré cómo te llega la muerte, asesino…-  Y pareció pensar un instante.- Y también los mandaré matar a ellos. Para que no le entren ínfulas de héroe a nadie. Están en el Distrito 9. Ahora… muere.- Agarrando con fuerza el borde de la máscara, se dirigió a uno de sus  subordinados: - Louis, mientras desenmascaro a este sucio asesino llama a Han y…- Su sonrisa de triunfo se petrificó en sus labios, el casco cayó en el suelo con un ruido metálico.
-         ¿T-Tony? ¿Sigues vivo?- El hombre detrás de la máscara, amordazado, negó con la cabeza. Mendoza le quitó la tira de esparadrapo.- ¡Corre, joder! Ese monstruo os ha tendido una trampa usándome a mí de marioneta… Joder, ese puto monstruo me ha inmovilizado dejándome tetrapléjico!- El pobre hombre estaba aterrado. No quería vivir así. Aquello no sería vida para él. Mendoza retrocedió, tan asustado como él- ¡Mátame, joder, Carlos! ¡Mátame de una vez y acaba con el sufrimiento!
Mientras el aterrado capo mandaba a su amigo al país de los pies juntos, una risa macabra se oía desde el altavoz del casco que el psicópata había usado para jugar con ellos.

-Tony… Siempre te recordaré…- Oí por el transmisor. Sentimientos.
Los sentimientos son basura que se usa para jugar con los demás. Yo nunca supe cómo se vivía con ellos. Nunca los tuve.
Me volví a fijar en aquél imbécil de Carlos Mendoza por la mirilla. Aquellos segundos de lamentarse los podía haber pasado escondiéndose o buscándome. Imbécil sentimentalista…
Apreté el gatillo. Su cadáver cayó fulminado y a sus guardaespaldas les faltó tiempo para hacer lo que hubieran debido hacer antes. Pero ahora ya era tarde. De hecho, desde el primer momento ya era tarde.
Quizás los mafiosos no se hubieran dado cuenta de aquello, pero era normal. El gas normalmente es inodoro. Los aromatizantes se añadan para que no pasen cosas como estas accidentalmente.

La explosión se oyó por toda la calle y la onda expansiva resquebrajó las ventanas.
Una motorista solitaria se detuvo en medio de la calle, y entonces fue cuando lo vi. El coche de policía que había bajo mi ventana.
Oigo pasos en el rellano de la escalera. Deben ser ellos. Alguien habrá dado un soplo del asesinato. Perfecto.
Dejo el rifle de francotirador en la mesa y alzo las manos cuando me apuntan con sus berettas y me acorralan contra el cristal resquebrajado del ventanal, sonriendo tétricamente. Activada electrónicamente por un sensor de movimiento , la lona del toldo de la cafetería de abajo se extiende. Y yo miro hacia arriba, indicándoles, mientras tomo algo voluminoso de la mesa. Ellos siguen mi mirada. Y ven los racimos.

Bammmm

A pesar de haberme puesto el casco de motorista reforzado especial justo antes de la explosión, ésta me sacude el cuerpo entero mandándome a través de la ventana que se hace añicos sin problemas, ya debilitada. Caigo en el toldo como estaba previsto y aterrizo de pie en el suelo tras un corto salto.
En el coche de policía, ahora huérfano, dejo una gorra que tenía preparada. Es una firma. Su firma, la de la banda rival de los Mendoza, que ahora, quieran o no, tendrán que empezar una guerra de bandas, justo como quiere mi cliente.
Me monto en la moto de mi apoyo, cuyo nombre en clave es Artemis. A ella le habría gustado esta misión. Pero no. Era mi trabajo.
-         Has armado mucho escándalo.
-         Lo sé, Annie. Es lo que ordenó el cliente.
-         No me llames así.
Como sombras fantasmales, desaparecemos en la noche.

domingo, 27 de mayo de 2012

Problemas de niños (II)

Episodio 2 de la anterior entrada. También escrito por Rioco, se sitúa un tiempo antes del Episodio I

Episodio 2

La tormenta arreciaba, rayos y truenos en su magnifica sinfonía, opacando incluso el brillo de las estrellas y oscureciendo aque refilon de sol que asomaba desde el horizonte. Eran ya casi las 5 am., y yo no haba podido dormir.
Me acurruque entre las sabanas, girando hacia un lado, mejor dicho, girando hacia el lado vacio de nuestra cama. Respire profundamente, como aferrándome a su aroma impregnado en la almohada. Estruje una vez mas el edredón.
-Rex...-Suspire, negando para mi misma. Se me hacia difícil respirar, lo extrañaba tanto…No podía acostumbrarme a esto y nuestros hijos tampoco pero…Asi eran las cosas.
Acaricie mi cuello, sintinendo a penas la diminuta cicatriz donde tiempo atrás residió mi rastreador. Desde el momento en que supo que estaba embarazada hizo todo lo poible por sacarme de SHIELD hasta que llegaron a acordar un intercambio; El por mi…Y, al principio fue sencillo debido a su falta de poderes…y ahora…6 años después, los habia recuperado y con ello su implementación en misiones resultaba demasiado tentadora...Para SHIELD y para él...Despues de todo, sabia muy bien lo mucho que extrañaba su vida de heroe.

-Nnnhhg.- Ese sonido reprimido broto de mi garganta mientras me enfurruñaba con las sabanas, de ojos aguados.-25 años y aun tengo mis arrebatos de niña…Rex, donde estas?.- Me sente, abrazada a mis propias piernas. Eran ya las 5:30 am…Anna y Gabriel deberían de estar despiertos. Él siempre llegaba a las 5:30 del laboratorio, y ellos, sin siquiera usar un despertador, abrían sus ojitos a la hora exacta, ansiando verlo para que les contara sobre sus nuevas teorías. Tecnicamente a los niños deberían de contarles un cuento, pero ellos, bueno, nosotros, somos una familia singular, y mis pequeños adoraban escuchar y admirar la emoción de su padre cuando hablaba sobre el futuro no tan lejano para el. Al final, Rex, Gabriel y Anna, quedaban dormidos en la cama de esta ultima. Para entonces yo solo les observaba, apoyada contra el humbral de la puerta para finalmente ir a cubrirles con una manta.
Ese era un momento especial que ellos tenían, que compartíamos con suma felicidad…pero que desde hace 34 dias, y ellos aun despertaban a esta hora…y honestamente, dudo que alguna vez la pierdan, al igual que yo…

Me incorporo por completo de cama, caminando serenamente hasta el cuarto que comparten mis hijos. No es que nos falte espacio en casa, sino, una forma de fortalecer su lazo empático.
Abro la puerta lentamente, dejando que la luz del pasillo se cuele hacia el dormitorio, espero un momento a que se habitúen, de fondo, el compas del la tormenta me acompaña cuando me muevo hacia la cama de Anna. Me siento junto a ella acariciándole el cabello.

-Vamos Annie, Gab. Se que están despiertos.-

-Papá aun no llega…-La vocecita de Gabriel se escucha un tanto silenciada por la almohada contra la que oculta su rostro. Voy donde él, quien se ecuentra dándome la espalda. Le tomo su hombro, cariñosamente. Sonriendo, me acerco a su oído.

-El regresa Gab, siempre lo hace.- Le di un beso en la mejilla, el continuaba sin darme la cara, al igual que Anna.- Uhm, creo que nunca les he contado un cuento…-

-No nos gustan los cuentos mamá.- Hablo Ann en tono apesadumbrado.

-Preferimos hechos científicos, cosas reales y posibles.- Sentencio Gab.

-Hmph!.- Me incorpore de un salto, quedando de pie y de brazos cruza en el espacio entre sus camas. -Pues eso es porque nunca han escuchando ESTE cuento!.- Mire a ambos lados y con agilidad me movi hacia el armario, cogiendo una sabana oscura la cual, en una sola maniobra, coloque sobre mis hombros a modo de capa. - Habla sobre las aventuras de un…Echicero!.- Baje el tono de mi voz como si tratase de darme un tinte mas misterioso mientras actuaba uniendo mis cual imitaban los pases mágicos. - Al que se le ha agotado la imaginación… Un Heraldo que ha perdido su mensaje.- Movi la improvisada capa esta vez por sobre mi rostro, acorvándome como un anciano. - Un Guerrero demasiado Valiente! Haiya!.- Lance la sabana oscura hacia arriba. - Una Bestia de noble corazón.- mientras decía esto me agazapaba en el suelo, dejando caer sobre mi la tela. - Una hermosa duquesa echizada por su madre bruja para verse horrible…-me sente en el suelo, ocultándome. - y jamás…JAMAS!.- Ante esto me puse de pie inesperadamente. -Volver a sonreir…-Encogi de hombros dejando la sabana a mis pies con una sonrisa radianete colmando mi rostro. - Y una arquera que ha olvidado como lanzar flechas.- 

Problemas de niños (I)

Línea temporal correspondiente a un mundo con mutantes. Los Centinelas son máquinas de destrucción para el control de este tipo de seres.
Escrito por Rioco:
Episodio 1
Y ella azoto la puerta, abriéndola de par en par. Ni siquiera necesite voltearme,o escuchar su voz, aunque, jamás tocaba antes de entrar. Resultaba algo “mágico”, o asi le gustaba a mamá llamarlo, yo personalemente, lo atribuyo a la rutina. Esa rutina con, cada una de las letras que la conforma, es usual en ella azotar mi puerta, al igual que es usual que se pase olímpicamente del reglamento que prohíbe a las féminas ingresar al ala este, donde habitamos los hombres. En fin, azoto mi puerta e igualmente ahora azota mis oídos. Desde cuando me resulta tan fastidiosa esa vocecita? Quiza desde el momento en que, la persona de quien proviene haya cambiado tanto en tan poco tiempo.

Cuerpo perfecto y envidiable, larga melena rubia, mejillas sonrosadas que denotan encontrarse en la flor de la juventud, y como olvidar esos ojos rojizos, zafiros ardientes y profundos…Según lo que he podido entender del comportamiento masculino adolescente, ella representa todo lo que uno pudiese desear, y bueno, ella se parece tanto a nuestra madre, que estoy seguro que cualquier adulto también desearía, pero lo único que yo deseo es que se largue y me deje seguir con lo mio.
-Hasta cuando Gab? Venga hombre, eres joven, porque no sales de una vez de este sucucho mugriento. Estoy segura que en un futuro te arrepentiras de no haberme seguido esta noche.- Habla mientras camina de un lado a otro a mis espaldas, suspiro quedadamente.
-No me interesan esa clase de cosas.-
-Oh, y te interesa seguir con ese cachivache rastreador de de no se que chisme a venir conmigo, divertirte, y ligar…-
-Exacto.-
Silencio…Por fin, dulce paz.
Las chispas saltan a mis lados mientras voy realizando las conexiones a una placa, bien, ahora solo tengo que tomar el…Hey!
-Maledizione Ann!! Trae aquí!.- aporree las palmas contra el escritorio, incorporándome en un único movimiento mientras fulminaba con la vista a mi hermana.-Merda, merda, merda, no es momento de juegos.-Ella sonrió de lado…de esa maldita forma que parecíamos traer en los genes.
-Ven por el.- Estiro el brazo en lo alto cuando se subió a la litera de arriba.
-Coño, Ann, baja de ahí, Henry puede llegar en cualquier mom.-
-Y que? Mi falda es demasiado corta y tendría vista panorámica?...Si claro, como si fuera a permitirle a ese engendro tener tanar tan buena vista sin pagar.
-Tch..- Gire sobre mis talones y me sente una vez mas, no le seguiría el juego. Lo conocía, la conocía.-Si planeas seguir con esa pose de ramera barata, por mi bien, pero te recomiendo buscar algún Table Dance, al menos el estar ahí te daría algo mas de categoría.-
Un zumbido corto el aire en una micronesima de segundo, y en otra, mi brazo se movio sujetando la punta ardiente del acero del fundidor a escasos centímetros de mi cien. Esos años de entrenamiento con nuestros padres habían servido de mucho, y oh si…eso le habia dolido.
-Hmph.- Le escucho bufar y lanzarse contra el colchon mientras yo continuo con mis cosas.- Amargado.-
-Quiza.-
-Ya te lo dije, ellos están muertos.-
-Al igual que quien era mi hermana, supongo.-
-Salieron en misión hace mas de dos años, si estuvieran vivos, deberíamos tener noticias de ellos.-
-Quiza se estén escondiendo, como lo hace mi hermana del resto del mundo bajo esas ropas de ramera y esos labios vulgarmente pintados de rojo.-
-Olvida eso ya, sea lo que sea que estén o no este haciendo, estamos aquí, estamos vivos, tenemos que seguir adelante.-
-De que sirve seguir adelante si olvidas tu pasado?.-
-Basta!.-
Le oigo moverse, el crujir del metal, esa oprecion “mágica” en mi pecho, esa conexión empática…
-Sabes que incluso un simio puede memorizar hasta 10 dijitos aleatorios, pero el idiota con el que saldrás ni siqueira recuerda el numero de su móvil, verdad? Y sabes también que es de ultimo años y sabes perfectamente bien a lo que van ellos.-
Lo siento Henry, cuando logre hackear las cuentas donde mi padre deposito su dinero, juro que te comprare una litera nueva…quizá dos, ya sabes y te lo he dicho, comer amburguesas los 365 dias del año no es bueno.
-Te he dicho que BASTA!.- Permanesco inmutable, aparentemente sumergido en mi mundo, aunque la verdad es que casi he soldado mi dedo a la placa de cobre. Ella dio un salto al suelo, lo se porque escuche el golpe de sus pies, aunque opacado chirriante sonido del armazón metalico moviéndose a su antojo…no quiero saber que es lo que esta formando, pero algo me dice que me vere obligado a verlo en pos de salvarguardar mi humanidad. Y la oprecion en mi pecho hace arder mis ojos.
Silencio nuevamente.
-Para ti es fácil…-Su voz se escucha ligeramente quebrada, se que es por el nudo en su garganta, esta conteniendo las lagrimas, gracias al lazo que compartimos.- Tu…tu no tienes que hacer anda para…para tener un sequito de furcias tras de ti…Para ser el capitán del equipo, para ser el mejor atleta que ha tenido esta escuela en años y poseer el titulo a la excelencia durante dos años consecutivos...-Trago duro, resulta verdaderamente difícil lidiar con esto. Giro la vista hacia ella, quitándome los goggles y acomodándolos de manera que quede como si me hubiese peinado.
-Per.-
-NO TIENES DERECHO A JUZGARME!.- Cortó mis palabras al igual que una de las patas del deforme camastro, empuñándola y arremetiendo hacia mi.- No sabes lo que es vivir a tu sombra!! Ni sabes lo que significaría para mi alguien me aceptara por como soy!!.- Escapo con un agil voltereta hacia atrás, dejándola destrozar la silla, y me pongo en posición de combate. Tenemos 15 años pero agilidad y reflejos pulidos al máximo.- Ellos están muertos…MUERTOS!...-Una nueva estocada, un nuevo esquive.- Yo tengo que ver a futuro, tengo que tratar de llevar una vida normal, porque ellos me abandonaron. Yo no soy una mutante. Yo NO QUIERO SER UNA MUTANTE!!!.-Uno tras otro sus goles se intensifican.- Ellos me abandonaron, si me quisieran, no me hubieran dejado aquí, no tendría que finguir ser alguien mas, no tendría que finguir que soy feliz aquí, finguir que me interesan estas cosas.- Arranco su collar y lo lanzo hacia mi.- Pero tengo que ver a futuro, tengo que ser lo que no soy, tengo que integrarme a la sociedad para no vivir sola por el resto de mi vida!.-
Vale, ha sido suficiente, le he dejado desahogarse y todo, pero esto sale de nustro presupuesto. Me muevo entre golpe y golpe hacia el demolido guardaropas de la esquina, ha estas alturas a quedado reducido al tamaño de una mesa de noche, tomando impulso lo uso de base dando sun limpio salto por sobre su cabeza, quedando a su espalda, donde le aplico una llave inmovilizándoles los brazos y ejerciendo presión sobre su muñeca hasta que suelta la condenada masa. Nuestra piel cambia su coloración a una grisácea, tornándose luego en un firme metal. Lo sabia, tratatia de safarse usando la fuerza que le confiere su estado biometalico, aunque ella también estaba al tanto de mis acciones, e incluso habría podido esquivar mi agarre.
-Tampoco me hubieran dejado a mi viviendo dia tras dia sin motivo, sin un futuro claro, sin propósito en la vida, sumergido en la rutina de las hormigas mientras alla fuera hay un mundo por explorar, cosas por hacer, por crear. No, ellos no nos han dejado librados a nuestra suerte Anna. Por eso necesitamos este rastreador. Sabemos que no nos dejarían asi como asi. Son nuestros padres, nos aman, y si no han regresador es porque no han podido lo cual me lleva a la conclusión de que han de necesitar ayuda.- Su cuerpo se relaja. Suspiro y la suelto. Ella necesitaba esto.- Ademas, somos hermanos, no estamos solos Annie.-
-Es mas sencillo si tomas el rastreador de Gen X de algún centinela y lo midifcas con los parámetros del ADN-X de mamá. Solo usa la secuencia de nucleótidos desfragmentada de su ADN basura.-
Camina apaciblemente, como si el caos a nuestro alrededor jamás hubiera provenido de ella, dejándome pasmado…Por supuesto! Solo habia que cambiar el enfoque. Durante tanto tiempo me he dedicado a rastrear la señal de nanites de papá, tratando de sortear esas barreras anti rastreo que el levanta, cuando solo debía centrarme en nuestra madre y esa extraña configuración del ADN fragmentado.
Perfecto. Ahora, lo que resta, es colarnos en alguna base y hacernos con alguno de esos chismes…Aunque a veces desearía tener las habilidades de mi padre y simplemente convertir mi cuerpo en uno de esos…
Como sea, la vida nos juega reveses muy duros a veces. Anna por ejemplo, tiene una mente brillante y aptitudes físicas que por mucho me superan, no obstante, al igual que mi madre, todo esto se “activa” desde su interfaz emocional…
En fin, luego de pagar estos destrozos con lo ultimo que nos resta de dinero, tendremos que entrar en acción. Me pregunto si nuetra abuela podría facilitarnos algo de información…Deberia ir a…No, ahora no. Primero esta Anna, algo me dice que no lo está pasando muy bien.

Ella


Fragmento escrito por RIOCO para KITHAS
Y ella cocinaba, y de repente comenzaba a cantar, mal, aunque para él su divertida sonaba como una oda a la alegría. Alegría que le parecía ella provocaba a conciencia cuando pasaban ya demasiado rato serios. Si, era entonces cuando se giraba, coro incluido, hacia él, que la mira como siempre, con esos  ojos entrecerrados y la sonrisa, amenaza tentadora, y señal para ella de que su plan iba siendo un éxito. Porque él ya la conocía, y no necesitaba ninguna otra señal para comenzar la siguiente estrofa, que no mucho mejor colmaba los oídos.Entonces ambos sonreían felices, evocando recuerdos a cada silaba, aunque cada una sonara un poco diferente, no por lo desafinados que pudieran ser, sino por aquellas huellas que quedaban tras cruzar fronteras, huellas de media vida a cada extremo del mundo, de personas y cosas dejada atrás, con dolor y sacrificio. Porque la vida no son dos días. Lo que un día fuimos es parte de lo que somos, y parte de lo que somos, seremos en un futuro. Y esas huellas en tu garganta, esas que te dan la tonada, que no puedes quitar aunque quisieras, son parte de tu historia y lo será de quienes la escuchen.
Y a pesar de todo, a pesar de lo recorrido, ella seguía siendo tan ella cuando oía una canción y sin poder evitarlo comenzaba a bailar, y el seguía siendo tan el cuando las fechas del calendario volvían a coincidir y su sangre le llevaba a su tierra.Ellos eran tan ellos aun cuando ese regusto a quemado de la cena inundara sus bocas, y ella, ya habiendo pedido encarecidamente disculpas y él habiéndola encarecidamente disculpado, seguía con esa mirada de “perro que tiro la olla”, como ella prefería decirle. Pero no importa, era algo que nacía inconscientemente,  aun sabiéndose disculpada, aun sabiendo que luego, por esa distracción de cantar y dejar la comida quemarse, él le agradecería con creces, aun sabiéndolo todo, ella seguía sin saber cuánto él la amaba y como esa mirada de “perro que tiro la olla”, le causaba tanta ternura.Porque a ella aun le escocía algo en el pecho al verle tan lejos de lo suyo, sin llegar a comprender que lo suyo estaba allí, acompañándolo junto a las huellas en su garganta.

Gracias.